sábado, 19 de mayo de 2018

S5 Actividad 2


Análisis y abstracción de información
Marco teórico

    1 Antecedentes del tema
    2 Bases teóricas


Antecedentes del tema


Linda Ojeda, Ph.D., enero 2003 en su libro “Menopausia sin medicina” menciona que en varios estudios han examinado el efecto del estilo de vida en la menopausia. La nutrición en particular parece ser un factor significativo. Una extensa encuesta conducida en Nueva Guinea encontró que las mujeres mal nutridas comienzan la menopausia alrededor de los 43 años, mientras que las mejores nutridas comienzan la menopausia alrededor de los 47. Investigaciones en grandes grupos de población indican que las mujeres europeas, que supuestamente tienen hábitos más saludables que las norteamericanas, tienden a una menopausia tardía.
Pérez A., L., & Rojas Pérez, I. (2011) en la Revista Med.  Recomienda que toda paciente menopáusica asuma estilo de vida saludable para disminuir los síntomas de la menopausia, los riesgos de la TH, y los riesgos de las enfermedades propias la tercera edad, entre estas, la osteoporosis. Se debe incluir: (a) Dieta sin grasas, pero rica en omega 3 que son los ácidos grasos esenciales poli insaturados, como EPA y DHA (nueces, atún, sierra, bonito, salmón, sardinas), carnes blancas, frutas, verduras, calcio, agua, y cereales ricos en fibra; o la “dieta mediterránea” en la que predominan los alimentos obtenidos de los cultivos tradicionales de esta zona geográfica bañada por el mediterráneo: trigo, olivo, vid, hortalizas, frutas, frutos secos y pescados.
Úbeda, N., Basagoiti, M., Alonso-Aperte, E., & Varela-Moreiras, G. (2007). En su artículo: “Hábitos alimentarios, estado nutricional y estilos de vida en una población de mujeres menopáusicas españolas” muestran que la población española presenta una elevada tasa (61% del total) de sobrepeso y obesidad. Esto puede ser debido al cambio hormonal asociado a la menopausia puesto que favorece el aumento de peso corporal. Este citado sobrepeso es factor de riesgo, además, para otras enfermedades como la cardiovascular, cuya incidencia puede elevarse si también tenemos en cuenta el alto consumo de grasas y colesterol. El exceso de proteínas podría afectar igualmente a la densidad ósea al incrementar la excreción urinaria del calcio, especialmente si estas proteínas son de origen animal. En su estudio, las fuentes principales de proteínas en la dieta de las mujeres son de origen animal y, en concreto, existe un elevado consumo de productos cárnicos.
Arteaga Urzúa, Eugenio. (2016) en su artículo “Menopausia y riesgo cardiovascular” de la Revista médica de Chile afirma que la enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en mujeres mayores de 50 años. Previo la menopausia, el riesgo cardiovascular (RCV) es muy inferior a la de los hombres; después de ella, el riesgo aumenta aparentemente relacionado a la deficiencia estrogénica que se asocia a mayor prevalencia múltiples factores de RCV (diabetes mellitus, dislipidemia, síndrome metabólico, cambios desfavorables en el peso y distribución de grasa corporal, sensibilidad insulínica y tono simpático, entre otros). De hecho, el National Cholesterol Education Program (NCEP) reconoció a la postmenopausia como un factor de RCV.
Lugones Botell, Miguel. (2001) En “Osteoporosis en la menopausia: Prevención y estrategias terapéuticas actuales” de la Revista Cubana de Obstetricia y Ginecologí”, declaró que  se ha demostrado que el tabaquismo y el abuso de bebidas alcohólicas son factores de riesgo importantes para la osteoporosis; también la excesiva ingestión de café es otro factor, por lo que resulta importante brindar asesoría a las mujeres con estos hábitos, lo que debería iniciarse desde la adolescencia. También consideramos muy importante que estas mujeres conozcan la fisiología del climaterio y la menopausia.
De los autores que se presentaron anteriormente, afirman que si las mujeres llevaran una dieta saludable podrían prevenir o reducir los factores de riesgo propios de la menopausia como cardiovascular y la osteoporosis.

Bases teóricas

Las mujeres en la menopausia se pueden llegar a enfrentar factores de riesgo cardiovasculares y probabilidad de osteoporosis, por lo que deben llevar una vida nutricional sana antes de la menopausia, o bien, si se encuentra en esta etapa, durante esta para mejorar la calidad de vida y evitar los factores de riesgo,
La osteoporosis, principal factor de riesgo para sufrir fracturas por fragilidad, es un problema importante de salud pública que tiene repercusiones sociales, sanitarias y económicas indudables; pero sobre todo provoca dolor, limitación funcional y alteración severa en la calidad de vida de los pacientes. En la prevención de la osteoporosis, el principal objetivo es evitar las fracturas por fragilidad; para ello es necesario: 1) favorecer la formación de hueso en la juventud, hasta conseguir un pico suficiente de masa ósea, 2) disminuir la pérdida de hueso en la edad adulta, sobre todo después de la menopausia, 3) mantener la salud ósea durante el resto de la vida, y 4) evitar las caídas.
Existen suficientes evidencias de que las estrategias multifactoriales (evaluación de factores de riesgo, hábitos de vida saludables, abandono del tabaco, moderación en el consumo de alcohol, ejercicio físico adecuado al paciente, actividad al aire libre con exposición prudente a la luz solar, así como una dieta variada y equilibrada), son efectivas en la población de riesgo. En cuanto a los factores nutricionales para la prevención de la osteoporosis, las recomendaciones actuales son: aumento del consumo de calcio, fósforo, magnesio y flúor; aporte adecuado de vitamina D (incluso con alimentos enriquecidos, en caso necesario); consumo de alimentos ricos en ácidos omega-3; disminución de sal y alimentos preparados; ingesta suficiente pero moderada de proteínas y, en ausencia de intolerancia, potenciar el consumo de leche y sus derivados, sobre todo yogur y productos lácteos fermentados. (Martín Jiménez, J., & Consuegra Moya, B., & Martín Jiménez, M. (2015). Factores nutricionales en la prevención de la osteoporosis. Nutrición Hospitalaria)

El sobrepeso y la obesidad en mujeres menopáusicas incrementan el riesgo cardiovascular por lo que un tratamiento para la  pérdida de peso basado en dieta (pobre en grasas) y ejercicio puede ser particularmente beneficioso para reducir la adiposidad visceral y el riesgo cardiovascular. El ejercicio es también particularmente importante para prevenir la pérdida de densidad ósea mineral que sucede durante la restricción de calorías. El uso de fármacos anti-obesidad (sibutramina, orliestat...) como adyuvantes a la dieta hipocalórica y el ejercicio y la indicación de cirugía bariátrica deben valorarse, como siempre, de forma individualizada. Lo más recomendable es consumir los alimentos correctos para una dieta balanceada y preventiva.

Se recomienda llevar la dieta Mediterránea, se caracteriza por un uso abundante de aceite de oliva como principal grasa (la única para todos los usos culinarios), un consumo elevado de alimentos de origen vegetal (frutas, hortalizas, legumbres, frutos secos, semillas y cereales integrales), consumo moderado, pero frecuente y repartido a lo largo de la semana de vino (especialmente tinto) normalmente en las comidas, consumo de pescado y productos del mar frescos, un consumo moderado-reducido de: productos lácteos (especialmente yogurt y queso), carnes magras y huevos, y un consumo bajo o nulo de dulces, bebidas azucaradas, mantequilla, carnes rojas y procesadas. Los resultados del ensayo PREDIMED (Prevención con Dieta MEDiterránea), llevado a cabo en 7.447 participantes de alto riesgo cardiovascular pero libres de ECV al inicio del estudio, concluyeron que una dieta Mediterránea rica en aceite de oliva virgen y frutos secos disminuía el riesgo de desarrollar un evento cardiovascular (infarto, ictus o muerte cardiovascular) en un 30% (Hazard Ratio: 0,70; IC95%: 0,54–0,92) (Rastrollo, M. B. 2017)


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